Pietro Masturzo, ganador del World Press Photo 2009 de fotoperiodismo con su instantánea "Desde los tejados de Teherán"
La "marea verde" se echó de nuevo a la calle en un acto de conmemoración, pero perdió fuerza. Esta vez en el aniversario del triunfo de la revolución islámica (1979), al igual que lo hiciera el pasado 27 de diciembre en la festividad religiosa de la Ashura.
El régimen iraní había prohibido las manifestaciones para ese día, pero sabía que contener a sus detractores no iba a ser tarea fácil. Teherán se levantó sitiada por los furgones de policía, pero el movimiento "verde" tiene un claro objetivo: desestabilizar el Gobierno de Mahmud Ahmadineyad.
Para evitar las comunicaciones entre sus opositores, el presidente de la República anunció la "clausura permanente" de "Gmail"; además, por vez primera, Ahmadineyad no acreditó a la prensa extranjera para cubrir el evento; y, lo más impactante, la prensa oficial evitó toda referencia a las protestas que llevaron a la caída del sha por temor a posibles paralelismos.
Desde Francia, hace 31 años, el ayatolá Jomeini urdió una revolución popular para derrocar al sha Mohammed Reza Pahlevi. "El sha representaba un cauto laicismo frente al sometimiento a la ley musulmana", explicó Darío Valcárcel, director de la revista "Política Exterior", que vivió aquellos días intensamente.
"Diez días del Amanecer"
Así se conoció al periodo entre el 1 y el 11 de febrero de 1979 en el que el ayatolá Jomeini se proclamó líder supremo provisional. Fueron días de euforia. El nuevo régimen teocrático prometía igualdad, justicia social y libertad. Dos meses después, el 11 de abril, los iraníes daban, en referéndum, su confianza masiva a Jomeini y se oficializaba la República Islámica de Irán.
31 años después, los "diez días del Amanecer" han transcurrido en una órbita contraria a la prometida inicialmente. Periodistas iraníes denuncian, desde el exilio, "secuestros nocturnos", "desapariciones" y un "estado de terror policial".
Desde que el "movimiento verde" comenzara a manifestarse en junio de 2009 -tras denunciar unas elecciones generales "fraudulentas", según Musavi, líder del principal partido opositor de Ahmadineyad- Amnistía Internacional asegura que, aunque las autoridades reconocieron "40 muertos", la cifra real es de, al menos, "80, y posiblemente muchas más". Según la organización, "miles de personas han sido detenidas, torturdas o maltratadas. Decenas acusadas de delitos vagamente formulados y se cree que más de un centenar de personas han sido condenadas a penas de prisión, flagelación o muerte".
Inflación, paro y crisis
"El régimen sabe que en una situación de debilidad económica es mayor la inestabilidad política", aseguró Gustavo de Arístegui, diplomático y portavoz de Exteriores del PP, cuando la "marea verde" comenzó a tomar las calles del país.
La Oficina Comercial española en Teherán asegura que "la inflación en Irán, cercana al 30 %, está teniendo un impacto muy negativo en la población"; el analista del Mundo Árabe del Real Instituto Elcano, Haizam Amirah Fernández, responsabilizó a la política de subsidios de Ahmadineyad de "absorber" el 17 por ciento del gasto público en 2007. El paro, según el Gobierno iraní, se eleva al 10 % -aunque diversos analistas económicos aseguran que la cifra es de un 20 %, fundamentalmente de menores de 25 años- y la industria petrolera del país atraviesa una fuerte caída del precio del crudo.
Las férreas sanciones comerciales que EE.UU. interpone constantemente a Irán y las malas relaciones con la comunidad internacional a causa de su plan nuclear "ahogan", según Arístegui, a un régimen dividido, "quizá todo ese escenario pudo aprovecharlo el líder opositor, Musavi, para ganar adeptos entre los desencantados con Ahmadineyad", asegura el diplomático.
Ahmadineyad, a este conyuntura, responde con represión, haciendo desaparecer a sus opositoes y prohibiendo libertades fundamentales.












