Le encanta "2001, una odisea en el espacio", Murakami, Borges, Lynch y la serie "Perdidos". Detesta a Delibes, a Cela, a Ruiz Zafón, a todo tipo de autoridad, a Nabokov, a Joyce y Flaubert. Andrés Ibáñez (Madrid, 1961) no se corta al hablar de sus gustos. Columnista semanal en ABCD y en el portal digital Frontera D, no estudió Periodismo, sino Filología Hispánica, quizá por eso asegura: "Nunca me he sentido un periodista". Prefiere considerarse novelista, y no es para menos.Piensa en clave de Literatura y de metáfora. Está completamente imbuido por las palabras y dice: "Soy un novelista de la era de Acuario, de esos que escriben con hedonismo y para dar placer". Su arte, cuenta, tiene que ver con la imaginación y la belleza "porque es la mejor manera de expresar el mundo de los sentimientos y de los recuerdos". Ibáñez construye sus novelas musicalmente porque es un apasionado del jazz, de hecho tocó en una banda durante 10 años: "Cuando escribo no me fijo tanto en una trama o en un personaje sino en la música, que es creatividad, improvisación".
Con su obra "Memorias de un hombre de madera" obtuvo el Premio Tristana de Literatura Fantástica en 2009 y sus temas hablan, sobre todo, "de la evolución interior, del mundo de la imaginación, del despertar espiritual y de lo mejor de las tradiciones", dice irónico, consciente de que todavía es pronto para encasillar su obra, y es que a sus 48 años a Andrés Ibáñez todavía le queda mucha creatividad que regalar.









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